Formosa, los secretos de la naturaleza

Travesía por los caminos de Formosa en busca de las riqueza autóctona de este destino del norte argentino. De la increíble fauna y flora del Bañado La Estrella a los sabores regionales.
Laudino Santillán es “Pinto” para todos. Así lo llaman en Fortín Soledad y alrededores, un paraje de 300 habitantes que resistió durante la Guerra del Chaco, ubicado a orillas del Bañado La Estrella, en Formosa. Con su chalana, “Pinto” lleva de paseo a los turistas que quieren descubrir este maravilloso humedal que ocupa más de 400 mil hectáreas.
Cuando los turistas no abundan por la zona, el hombre se dedica a la actividad ganadera, como casi todos sus vecinos. Pero hace un tiempo, cuando no se tenía noción de la gran biodiversidad del lugar y aún estaba permitido, Pinto organizaba excursiones para cazar patos. Él mismo se encargaba de capturarlos. Hasta que un día aseguró que se le apareció la “Madre del monte”, un espíritu blanco con la forma de una corzuela.
La historia del ánima que castiga a los depredadores condensa la historia de este lugar. Y, en buena parte, la de Formosa, una de las provincias más jóvenes del país (tuvo su primer gobierno constitucional en 1958). Las palabras de Pinto resumen toda la inmensidad del bañado, los mitos guaraníes y la exuberante naturaleza de un lugar en el que se pueden encontrar 500 especies de aves de las mil que tiene la Argentina.
Primera escala
Pero antes de llegar al gigantesco bañado e impresionarse con sus palmeras y su opulencia primitiva hay que pasar por la ciudad de Formosa. Con un diseño en damero de estilo colonial y pocos edificios altos, la capital mira de frente al río Paraguay. En la orilla de enfrente se divisan las sencillas construcciones de la localidad de Alberdi, sobre la costa de Paraguay.
En el río, sin necesidad de alejarse de Formosa capital, se pueden practicar actividades deportivas como recorridos en bote, canotaje y pesca. En todo momento, la vista se pierde en la vegetación y en los espejos de agua que ofrece la ciudad en su periferia. La Iglesia Catedral Nuestra Señora del Carmen, el Museo Histórico Regional Juan Duffard y la Casa de Gobierno son algunos de los edificios emblemáticos para conocer.

Sin embargo, el paseo obligado lo sugiere la costanera, el punto de encuentro de los formoseños a lo largo de sus 2 mil metros de largo, inaugurado en 2003 para integrar el río a la ciudad. Un bulevar, la fuente de aguas danzantes, el sector de ciclovías, las vías del antiguo Ferrocarril y los miradores son algunos de los atractivos, además de los modernos bares y restaurantes para disfrutar del aire libre.

En pleno centro, sobre la calle San Martín al 800, está la Casa de Artesanías, un centro de exposición y venta de trabajos de las tres etnias mayoritarias en la provincia: toba, pilagá y wichi. El lugar ofrece una excelente oportunidad para comprar suvenires. Pero esas alfombras, tapices, ponchos, fajas y piezas talladas en madera son mucho más que un simple recuerdo para llevarse de Formosa: cuentan un pedazo de la cosmovisión de esos pueblos originarios.

“Antes, la gente no mataba para comer, sino para perjudicar a las aves. Ahora las cosas cambiaron. Con esto del turismo queremos que la juventud tenga un medio de vida ¿qué van a hacer en la ciudad? Allá están la droga y las cosas malas”, lamenta Pinto, mientras prepara su piragua y comienza a mover el botador sobre el agua mansa del Bañado La Estrella. Junto a otros guías y con la coordinación de la licenciada en Turismo Marité Alvarez, que reside en Pozo de Tigre, están formando a guías jóvenes “para que no vengan los de afuera ni tengamos que trabajar para ellos”. Las excursiones que se ofrecen aquí son variadas. Se puede optar por un paseo en bote hasta cabalgatas por las zonas altas y caminatas por los bosques, además de la posibilidad de acampar en la isla de los Pájaros.

Parques Nacionales: un viaje a la naturaleza
Antes de emprender la aventura que propone el ecoturismo en el interior de la provincia, sin necesidad de alejarse mucho del centro de la ciudad se accede a la Reserva de Biosfera Laguna Oca, un pintoresco balneario donde el picnic junto al espejo de agua es amenizado por los sonidos de la fauna autóctona y el colorido de la flora nativa. Pero para despedirse de la mejor manera de la capital también se puede volver a admirar el río desde uno de los modernos bares de la costanera o conocer el parque Paraíso de los Niños.
Empieza la aventura
Cuando Pinto comienza a mover su chalana, la mirada se puebla de un paisaje de palmeras, enredaderas que crecen sobre los árboles e hileras de champales (árboles secos semisumergidos). Cuando pasamos por una zona llena de camalotes, el guía dice que son “respetados” porque los barcos no pasan donde hay muchas de estas plantas acuáticas.

Como quien pasa lista, el guía comienza a nombrar a los pájaros que sobrevuelan por el cielo, que se está poniendo color plomo y amenaza con una lluvia que, por suerte, nunca llega. “Aquella es una jacana”, señala. “Ésa se llama monjita blanca”, sigue. “¿Ves eso? Son los huevos de un chajá”, apunta con el dedo hacia un nido.

En un paseo de dos horas vemos solamente una parte mínima del tercer humedal más grande de Sudamérica. El primero es el Gran Pantanal, que comparten Brasil, Bolivia y Paraguay. Y el segundo son los Esteros del Iberá. “Pinto” apenas muestra una pequeña porción de los 220 kilómetros de la región del Gran Chaco comprendidos entre los ríos Bermejo y Pilcomayo. “El día no está bueno”, se lamenta y comenta los avistajes de carpincho, ñandú, liebres, yacaré y curiyú, una boa de color amarillo pardo con pintas oscuras.
Cuando el sol cae, la lancha vuelve al paraje Fortín Soledad, uno de los puntos para ingresar al Bañado La Estrella. Un grupo electrógeno brinda luz unas cuatro horas por día. Alguien se sienta frente al televisor y otros cuentan historias. De afuera sobreviene el ruido de los pájaros. La esposa de Pinto y de los otros guías preparan la comida: un guiso reparador, con trozos de charque (carne deshidratada). “Queremos mostrarles este lugar. No entiendo por qué los jóvenes se quieren ir de acá”, finaliza Pinto. Y gira su cabeza alrededor, donde sobrevuelan un águila colorada y un aguilucho pampa.

Una sabrosa despedida

Aunque su desarrollo es incipiente, la gastronomía de Formosa está dando pasos firmes, junto al turismo en la provincia. Hace unas semanas, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) reunió en la capital de Formosa a productores y cocineros de esta provincia, Misiones, Corrientes y Chaco, con la idea de generar conocimiento sobre la identidad de la cocina de la región.

MINIGUÍA
Cómo llegar. De Buenos Aires a la ciudad de Formosa son 1.112 km por rita 9 (Panamericana ramal Escobar), autopista Rosario-Santa Fe y ruta 11; nueve peajes, $ 150.
Aerolíneas Argentinas tiene un vuelo diario sin escala de Aeroparque a Formosa capital, desde $ 3.110.
Dónde alojarse. Habitación doble con desayuno, mini gimnasio, TV cable, wifi, pileta y estacionamietno en el hotel 3 estrellas Asterión, en la ciudad de Formosa, $ 1.524 (www.asterionhotel.com.ar)
Cuánto cuesta. Excursión guiada en chalana por el Bañado La strella, $ 350; con almuerzo, $ 500 (0370-457-1824 / turismoestrella.naturaleza@gmail.com)
Excursión guiada de día completo de Formosa capital al Bañado con almuerzo, bebidas, navegación en lancha y visita a puesto de apicultores, $ 900 por persona en minibus; en auto, $ 1.800. Salida del día copleto al PN Río Pilcomayo, $ 650 grupal y $ 900 privado (0370 154615862 / www.formosareceptiva.com.ar)
Dónde informarse. turismo@formosa.gob.ar; www.formosa.gob.ar/turismo; www.formosaturismo.com.ar
Diego Jemio / Especial para Clarín
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